lunes, 8 de diciembre de 2014

Una pasión inexplicable

“Una pasión inexplicable” Milito mira el cielo y dice, gracias Dios. El hincha… ¿Te parece que no..?! Estas palabras son para MI Hincha de Racing inspirador y quiero compartirlas con toda su familia Académica, con todo el respeto que merecen, por este motivo pedí unirme a este grupo de desquiciados. 
Debo mencionar que mi visión es de otro ángulo distinto al de ustedes, pues soy de otro club, pero convivo con un paciente diagnósticamente enfermo e incurable de esta adicción llamada Racing Club.
Para que entiendan un poco, mi propósito es manifestarles lo que producen y lo que generan hasta el punto de conmover a alguien que no pertenece a su Hinchada, y el mérito es totalmente de ustedes, del Hincha de Racing; el club y los jugadores en este caso vienen por añadidura.
No soy una persona demasiado amante del futbol, no sigo a mi equipo como en algún momento lo hice, pero hace bastante tiempo que mi vida gira en torno a Racing. Las salidas familiares, los asados, las obligaciones, las compras, el turno con el médico, las reuniones con amigos, “mis reuniones con mis amigas”, todo, absolutamente todo, dependen del día que juegue Racing, de la hora y por supuesto del resultado del partido.
Como una mujer poco futbolera al principio había quejas, protestas y peleas ante taaanto fútbol, pero el encanto de un Hincha de Racing puede revertirlo todo, y MI Hincha es muy especial para hechizar. Él me obliga desde hace tiempo a mirar todos los partidos, sí, me obliga, según él una parte de mi cuerpo le trae suerte al equipo (¿?). Y acá viene, en parte, el momento de mi confesión, porque no dejo de protestar (simpáticamente) delante de MI Hincha , de tener que dejar mis asuntos para otro momento y sentarme a su lado los 90 minutos, “de la boca para afuera” cuando la verdad es que disfruto casi tanto como él de cada partido.
La espera de cada partido es eterna, compartir el ritual, hermoso. Los preparativos son importantísimos, el mate tiene que estar presente (mi mate) y solo lo empiezo a cebar inmediatamente al momento que el árbitro hace sonar el silbato, no debe ser antes; nos sentamos en el mismo lugar de siempre sin alterar el entorno, la casaca de la suerte debe estar lavada (a mano) y puesta en MÍ Hincha, la gorra sobre la mesa. Las manos empiezan a sudar y el humo de los puchos a nublar el ambiente. Todo está en marcha para que las mariposas revuelvan las tripas por esos 90 minutos. Cada uno con sus cábalas secretas, no pienso develar las mías porque el recorrido aún no termina y como lo hacen ustedes, también repito el famoso “paso a paso”. La mufa bien fuera de todo alcance.
Todos estos sentimientos me son puramente contagiados, no nacieron en mí, los sembraron con el correr del tiempo, porque si, son una Hinchada diferente. Hasta este momento nadie sabe que cuando estoy sola miro videos en Youtube de cantos y recibimientos al equipo, porque esta Hinchada me robó el corazón y tiene toda mi admiración.
No me pregunten el nombre de todos los jugadores de mi equipo porque no los sé, en cambio si me preguntan de Racing puedo decir hasta cuantas amarillas tiene cada jugador, quien debería entrar cuando el técnico hace algún cambio, cuanto y en qué creció el equipo (sin tener ni puta idea de futbol). Se me acelera el corazón cuando Centurión pica con la pelota o cuando Milito la domina dentro del área, puteo cuando Pillud no la toca rápido, respiro cuando Lollo libera el peligro, me recaliento con los periodistas mufas o cuando el árbitro se la manda; se me acelera el corazón cuando la pelota entra en el arco contrario y me pongo tan contenta como si fuera un Hincha de Racing más. Me da un enorme placer ver a Videla recuperarla allá, tocarla por acá, subir, bajar, despejar, presionar y hasta generar. Me gustan varios, Videla me encanta, pero más me encantan ustedes, los verdaderos protagonistas; los jugadores pasan, el aguante es el que queda, llorando y resistiendo en las malas, (que vaya si las hubo); también llorando de emoción en las buenas, siempre con el mismo empuje y fidelidad, haciendo lo que mejor que nadie saben hacer, amando y alentando hasta morir. Ese Cilindro siempre es una fiesta y sus intérpretes brillan como nadie, se generan sensaciones de otro planeta, ver caer esas banderas es impagable… Vaya para MI Hincha favorito y para todos ustedes, mi admiración, respeto y fervor, para los que van a la cancha todos los domingos, para los que no pueden ir tanto y para los que por la distancia directamente no pueden hacerlo casi nunca pero sufren y viven por Racing de la misma manera.
Sepan que contagian y que literalmente son una PASION INEXPLICABLE y tienen una HINCHADA DIFERENTE.
¡¡¡AGUANTE LA ACADEMIA, AGUANTE LA GUARDIA IMPERIAL!!!

Autora: Mely Sanchez de Mattesz

viernes, 21 de noviembre de 2014

De puentes y murallas

En el auto sonaba ese tema que tanto había cantado… “ Hacer un puente”. Y pensó en su film preferido, Los puentes de Madison.

Como lloró con esa película, en el pensamiento de que aquellos que se quieren no deberían nunca estar separados. Claro, en su mentalidad romántica, la separación en el amor no existía.
Pero esta canción la llevó mucho mas allá.

De corazón voy andando de tu mano…… decía la radio…. Va a ser tan lindo hacer un puente de verdad, solo para vos….. sobre el mar….. solo para vos. El conocido tema de La franela.

Y su cabeza voló un poco mas allá de una letra.
Se miró a si misma…. Por cuanto tiempo había vivido amurallada? Sin ver la orilla. Generalmente esas construcciones de ladrillos en el corazón implican autodefensa, y porque no, auto exclusión.

Habia armado a su alrededor una enorme pared de ladrillos. Pero la vida se encarga siempre de deshacer y hacer sin pedir nuestro consentimiento…. Y eso le había pasado.

 Habia decidido correr el riesgo. Y pensaba mientras el semáforo la detenía por segunda vez en la misma cuadra, que …. Cuanto vale la pena arriesgarse y exponerse sin ladrillos.

Que cuanto mejor son los puentes. Después de todo, siempre hay alguien del otro lado que nos tiende una mano.

Ser puente, pensó. Después de hacerlo, después de transitarlo, poder ser puente para otros.
Había una vieja frase, que recordó, hablando de maestros, que dice que ellos se forman en puentes para que los alumnos pasen y crezcan y luego desvanecerse y volver a construirse.

Ella hizo un puente, lo atravesó y se ofreció.

No espero resultados porque la felicidad reside en la construcción, en el camino, Quien le quitaba la experiencia de haber derribado murallas.? De haber dejado atrás ladrillos y paredes para ser luz, aire, agua, cielo…

Y construirlo asi, para vos, para mi, para ella y para todo aquel que quiere ser libre en el corazón. Ofrecerlo sin esperar, sino siendo feliz en el ofrecimiento.

Para que todos nos contagiemos y construyamos puentes para nosotros y para otros. Sin destruirlos, sino, que sean construcciones duraderas por las que los que queremos puedan transitar de la mano hasta llegar y …..seguir de la mano….

Me quedé pensando en ella hoy, años después…… Y al igual que ese día en ese auto….Yo también elijo ser puente…. Te doy la mano… Lo atravesamos?


martes, 28 de octubre de 2014

El día que la esposa de Boni desapareció ( o Goti te quiero tanto)

La recibió su perro, apenas la puerta del departamento se abrió. Llegaba de un viaje de varias horas desde el norte, donde había ido por temas laborales.

 Apoyó su cartera en la mesa del comedor junto a las llaves y el celular.
Vació completamente su valija y pensó en ponerla a salvo de los estragos que con ella haría su cachorro.

Leyó el úlitmo mensaje que su marido le había enviado: “ Buen viaje amor. Nos vemos a la noche”

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Boni entró a su casa apenas pasadas las ocho de la noche. Las luces del comedor y el baño estaban prendidas. La cartera de Goti junto a las llaves y el celular lo miraban desde la mesa.
Se fue directamente a la habitación y al encender la luz encontró al perro durmiendo junto a la ropa que su esposa había dejado sobre la cama. La ropa de su viaje.
Pasó por el baño, la cocina, el otro cuarto, el que ahora su esposa habia convertido en su estudio de fotografía.
No había rastros de ella.
Boni supuso que había salido a comprar algo, pero…. Sin llaves? Se sonrió con la idea de que su mujer era el colmo del despiste y que no era nada raro que haya salido sin tener como volver a entrar.
Decidió cambiarse tranquilo, sacarse el traje del trabajo y ya con su conjunto deportivo y las zapatillas salió a la calle.
Se dio una vuelta por el super chino donde solian comprar las cosas de último momento o aquellas que olvidan en su compra mensual. Repasó góndola por góndola…..Goti, no estaba.
La carnicería bajaba las cortinas y la verdulería estaba cerrada.
Caminó dos cuadras mas hasta el cajero automático, tal vez allí la encontraría. Pero no.
Miró la hora, casi las diez de la noche. Decidió volver por si ella lo esperaba en la puerta para poder entrar.
Pero ella no estaba. Subió por el ascensor, entró al departamento y todo estaba igual.
Aturdido, dejó la puerta abierta y recorrió las escaleras hasta  la planta baja. Ida y vuelta. Y nada…. Como si se la hubiera tragado la tierra…
Volvió al departamento decidido a relajarse. Despues de todo las malas noticias siempre llegan, pensó, nada malo puede haber pasado.
Se sirvió un vaso de agua y se sentó a esperar.
Abrió los ojos una hora mas tarde….sobresaltado. Se había quedado dormido y Pierina aun no estaba.
Miró el celular de ella, las llaves y la cartera….algo no le cerraba.
Subió hasta el departamento del encargado y disculpándose por la hora le preguntó si la había visto. El señor, que ya dormía, negó haberla visto y sin mas, cerró la puerta.
Boni bajo por las escaleras. Se detuvo en cada piso y tras cada puerta de cada uno de los departamentos.
En ninguno escuchó la voz de su amada.
Volvio a su casa…..se sentó frente a las cosas que ella había dejado en la mesa. La madrugada acechaba….. De repente tomó las llaves de Goti, las de el y salió.

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El perro nunca había entendido que pis se hace solo en la calle. La valija se había salvado varias veces de ser usada como arbolito. Por eso Goti no demoró nada en desarmarla y llevarla a la baulera que quedaba en el segundo subsuelo del edificio.
Separó de su llavero las llaves y bajó raudamente. Queria acomodar todo y esperar a Boni con una rica cena.
En el primer subsuelo escuchó ruidos. Seguro seria el encargado que a esa hora programa la caldera, pensó. Era invierno y la noche, fría. “Buenasss”, gritó, pero nadie le respondió. Llegó a su baulera y la abrió. Para acomodar la valija debía trepar un poco en algunos improvisados estantes. La cargó y la puso bien atrás. Despues de todo para el próximo viaje faltaban dos meses. Una vez cumplida la tarea, bajó y cerró con la única llave que tenia en la mano.
En ese momento escuchó el golpe de la puerta que conectaba ambos subsuelos. Y el ruido de unas llaves que ponían traba a la entrada y salida. El horario de baulera, había concluido.
Miró sus manos ….. NOOO!! Gritó. No tenia el resto del llavero con el manojo completo, incluida la acytra de la puerta.
Corrió escaleras arriba pero llegó demasiado tarde. Ya no había nadie del otro lado.
Inútil era gritar, patear o llorar. Las luces se apagaron y al cabo de un rato la caldera arrancó.
Perdió la noción del tiempo. A oscuras, con falta de aire y una temperatura que se hacia agobiante se resignó  que a las seis de la mañana siguiente, cuando el encargado reanude sus tareas, la encuentre. Viva o muerta.
Pensó en Boni y se acurrucó en la escalera. Sola a oscuras y con el ruido de la caldera de fondo….
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Serían las dos de la madrugada cuando la puerta se abrió. La luz de que entraba desde mas arriba la obligó a abrir forzadamente sus ojos. Vio la silueta de un hombre y pensó que estaba desmayada.
El corrió escaleras abajo y una vez a su lado la abrazó tierna y a la vez apasionadamente.
Boni la cargó en sus brazos y la llevó de regreso a casa.
Una vez relajados le contó que recién después de mirar varias veces las llaves, comprendió que faltaban del llavero, las de la baulera. Y así corrió a buscarla.

MORALEJA: A las princesas no solo se las rescata de las torres, sino también de los sótanos porque siempre pero siempre el amor es mas fuerte……..                      


martes, 21 de octubre de 2014

Postales de barrio

 Foto: Juanjo Gallardo

Que mal día, me repetía sin descanso desde la frustrada entrevista de ventas de esa tarde, la última de la jornada-

Hacia ya dos años que la venia remando para lograr un ascenso en la empresa donde trabajaba. No era raro pensar que el cargo que dejaría vacante el supervisor por su propio ascenso y traslado a la filial de México, seria mío. Había hecho suficiente méritos. Los dos últimos semestres había ganado los premios que se otorgan por mejor vendedora y había participado de un viaje del estilo convención de los mejores, en Cuba.

La entrevista en cuestión, se había suspendido en el mismo momento en el que yo estaba estacionando mi auto, en la puerta de la empresa corralón en donde me habían citado.
Que poca consideración pensé. Deberían haberme avisado antes. Y yo vestida para la ocasión con mis zapatos de tacones altos, la pollera tubo negra que tanto me gustaba y esa espumosa camisa blanca . Obviamente podía comprarme toda esa ropa de marca y de la mejor calidad. Y así estaba, ahí… parada con mi celular en la mano.

Volví a subir al auto para regresar a la empresa, prendí el GPS y para mi desgracia había decidido dejar de funcionar. No marcaba ni donde estaba… Entonces pensé que era buen momento para utilizar mi intuición para volver. Yo, que tengo tan poco sentido de la orientación.
Estaba lejos de mi pintoresco barrio de Belgrano y mas aún de Recoleta, donde funcionaba mi empresa. Si… mi empresa. La camiseta puesta siempre.

Salí decidida a dejar atrás la mala tarde y el barrio de Pompeya, tal el lugar donde había sido mi frustrada cita. Tome por una avenida, que nunca pude saber como se llamaba. Un semáforo me paró y quedé en la fila de autos que doblaban a la izquierda. No me quedó otra, y doblé.
No se porque extraño capricho de las calles, de la señalización o tal vez, porque no, del destino, seguí. Juro que estaba segura de que ese camino era el correcto. Aceleré con seguridad y manejé como si supiera donde estaba y hacia donde iba.

El barrio de galpones, colectivos, y gente corriendo, se iba esfumando para convertirse en una especie de paisaje calmo. Con casa bajas, con muchos menos autos. Menos semáforos. Empezaba a caer el sol y la iluminación no era buena. El barrio en el que me estaba metiendo era de esos que aun se conservan en la gran ciudad. Algo de pasto en la capital, cosa poco común de ver en mi barrio …. Si lo único que puedo ver es el césped sintético de algún fingido jardín de cafetería pituca.

Hacia frio, y la gente corría para volver a casa. Un señor con mochila al hombro bajaba del colectivo 50,  seguro volviendo de su trabajo, pensé, después de un largo día. Imagine que su esposa le habría preparado la vianda para almorzar con sus compañeros al mediodía.
Por la otra vereda una nena que volvía de la escuela con quien parecía ser su abuela. Seguro la esperaba una rica leche calentita con pan con manteca y azúcar. Y después, la tarea.
Un viejo taller mecánico apuraba a bajar la cortina. Fin del día.

Y una irrespetuosa señora le elegía la fruta al verdulero que tan delicadamente la tenia acomodada en la calle. La imaginaba cotorreándole a cuanto los tomates? Esa pera esta marroncita….. no no no… papa blanca no, se desarma al hervirla. Como no hay albahaca??
Me encontré riéndome con ese pensamiento. Había detenido completamente el auto sin darme cuenta. Bajé la ventanilla y …. El aire olía distinto al que entraba por la ventana de mi departamento. Sabia a frutas, a flores, a viento suave….. Bajé la ventanilla y cerré los ojos.

Por primera vez en mucho tiempo me dejaba sentir, así, sin mas.

Cuando abrí los ojos, habrían pasado unos veinte minutos y vi lo que no había visto…. Estaba en la esquina de mi casa de la infancia… En mi viejo barrio del bajo flores.

Me bajé del auto. La voz que salía de la Iglesia era la misma que escuchaba, cada vez que era yo la nena a la que mi abuela buscaba en la escuela y tenia siempre lista mi super merienda de café con leche y pan con manteca. Como siempre a esa hora, el rezo del rosario, guidado por esa señora, dueña de la llave del templo, creyendo, supongo, que así conseguiría para si misma, la entrada al cielo. Inconfundible, pero no podía recordar su nombre.

Cuando me di vuelta, me perdí nuevamente en la verdulería…. Ese negocio no siempre había estado ahí…. En esa esquina había una casa muy vieja. Vivia una señora que ya era grande, perdida un poco en sus recuerdos desde que su familia se accidentó en la ruta.
Como no recordar esa esquina…. A los trece, recibí mi primer beso de boca de mi compañero de escuela y si… porque no, mi primer novio. Que habrá sido de su vida.?

A los 18 años me fui del barrio. Consideré que no estaba a la altura de lo que yo quería ser. De donde apuntaba.
Trabajaba desde los 16 además de estudiar y pude juntar el dinero suficiente como para alquilar mi primer departamento en Belgrano. Obvio un barrio mas cercano a mis intereses personalísimos.

Al tiempo mis padres se separaron y esa casa se vendió. Mamá se fue a vivir a Córdoba, donde estaba mi hermana mayor, quien en esa época iba por su tercer embarazo. Generalmente las veo para fin de año, cuando, a regañadientes, paso la fiesta con la familia.
De papá, no supimos mas nada. Mamá guardaba celosamente la causa de la separación, cosa que no era difícil de suponer. Un engaño, otra mujer y tal vez otra familia.

Y no había vuelto a poner los pies en el barrio…. Por primera vez sentí culpa. Si..culpa. Por haber abandonado mis recuerdos, mi infancia feliz, mis vueltas en bici por la vereda, las siestas calurosas a la sombra de los árboles.
Escribir la persiana del taller…. Si, claro… era el mismo taller que acababa de cerrar! El sabor a miel de ese beso de esquina a la vuelta del cole, con un corazón inocente e infatigable. Puro y sin marcas.

Sin querer las lágrimas caían por mi mejilla. Las sensaciones volvían como la primera vez. El corazón me golpeó tan fuerte que casi me deja sin aire.

Pero la melancolía no estaba en mis planes, y endureciendo mi alma, volví al auto.


Y cuando iba a arrancar para irme, la vi…. Ahí estaba, blanca como siempre, mi casa. Una inexplicable fuerza no me dejó entrar al auto. Y sin saber como, me encontré frente a la ventana que daba a la calle…. Mirando, fijo al cartel que decía “ SE ALQUILA”.

domingo, 21 de septiembre de 2014

LAZOS

 ( foto Sol Damore )

La fría mañana de julio se dejaba ver en la escarcha de la calle de tierra, la principal del pueblo.
No había amanecido aún cuando Carmen salió de su casa rumbo al hospital, como lo hacia diariamente desde aquella noche que cambió su vida, después de su trágico 20 de diciembre. En ese día el golpe en la puerta a las cuatro de la madrugada le llevaría la peor de todas las noticias. Habían encontrado a su hija de quince años, muerta de una sobredosis.

Los meses siguientes la encontraron sumergida en una terrible depresión. La tristeza, el dolor y la culpa de pensar que no había hecho lo suficiente.
Una noche se dijo que ya era de hora de terminar con todo. Salió a la calle, caminó hasta la ruta, se paró en el medio y simplemente decidió esperar.
Las luces de aquel micro de larga distancia estaban cada vez mas cerca, el corazón le latía a mil. Un sudor frío la recorría y el dolor la lastimaba aún más. Abrió los ojos….. no solo quería sentir sino que quería ver el momento en el que todo termine..

El micro se acercaba más y más. La necesidad de que le pase por encima galopaba en cada latido. Estaba cerca….. Abrió mas lo ojos. En minutos todo terminaría.

Pero sucedió lo inesperado. Por delante de ella cruzaba la ruta sin mirar, sin saber donde estaba, zombi….Lucia. Su nombre lo sabría tres días después…
Lo cierto es que Lucia cayó desmayada en medio del asfalto, a metros de aquel micro que debía llevarse la vida de Carmen.
Milagrosamente el chofer había decidido hacer una parada técnica en el pueblo, doblando en la salida anterior al lugar donde se encontraban ellas.

Ya las primeras luces del día asomaban cuando Carmen entraba al hospital con Lucia en sus brazos. No tendría más de 17 años. Estaba inconsciente, con golpes en su cuerpo. Visibles moretones en sus piernas. Marcas en los brazos. Las manos deformadas, casi sin uñas. Con un par de dientes menos. La nariz sangrante. El pelo largo que le llegaba a la cintura, suelto y sucio.
Mas tarde los análisis confirmarían la adicción.

Estuvo tres días sin conciencia. Solo abriendo los ojos como de entre sueños….y volvía a dormirse. Carmen no se movió de su lado. Mojaba sus labios con agua de a ratos y con un gran cariño maternal, comenzó de a poco a desenredar su cabello.

La primera cara que Lucia vio, y la primera voz que escuchó fue la de Carmen. No entendía muy bien nada de lo sucedido. Los médicos trataron de explicarle como fue que llegó hasta ahí. Pero nada pudieron saber de cómo era que se encontraba en ese estado. Los análisis fueron los únicos que delataron un alto valor de sustancias en su sangre. Pero Lucia no hablaba y su comunicación eran solo pocas palabras, respuestas monosilábicas, pedidos de agua e higiene,  y solo dirigidas a Carmen, quien la bañaba y la perfumaba a diario.

Había decidido que tenía que terminar de desenredar el cabello, así que rescató de su casa todos los cepillos que tenia. Igual pensó que nada seria suficiente, por lo que en la perfumería del pueblo, había adquirido uno de cada formato.
Sin palabras se involucró de lleno al trabajo de dejar ese cabello lacio, peinado y brilloso. Y sintió que era el único contacto que Lucia dejaba que tengan con ella. Un gesto. Por lo cual Carmen lo trenzaba cuidadosa y amorosamente. Acariciando y sanando… Las dos.
Después de una semana del “ritual” del trenzado, Lucia se miró al espejo y le dijo “gracias” a Carmen.  Fue el primer contacto a los ojos que tenían desde que había despertado. La primer mirada con intención.

Nadie había reclamado a Lucia. Ni la policía tenía datos respecto de ella. Por eso suponían que había venido de otro pueblo. Quizá a muchos kilómetros de distancia.
Desde el Hospital se cursaron todas las denuncias necesarias, pero los médicos insistieron en la necesidad de que permaneciera en esa institución.

Carmen empezó a sumar voluntades, para trabajar juntos en el terreno de la recuperación de adictos. Médicos, un viejo terapeuta del pueblo ya retirado y varias almas caritativas, empezaron a formar dentro del hospital un centro de ayuda.

La paciente más importante era Lucia por supuesto. Y la única… por el momento.

Luego de aquel gracias de aquella mañana, Carmen, fue un poco más allá. Terminó de trenzar el cabello, y le sirvió el desayuno, untando cada tostada con el dulce casero que ella misma le había preparado. Fue un momento de miradas, de sabores, pero sin palabras.
Otro día después del trenzado, fue la hora de la lectura, y Carmen le leyó varios cuentos para adolescentes que encontró en la improvisada biblioteca del hospital.
Otra vez llevó una guitarra e intentó enseñarle algunas notas. O hacerse las uñas, o elegir música en la computadora.
Pero nada igualaba el momento del cabello. Así que decidió peinar, trenzar, despeinar y volver a empezar dos o tres veces al día. Lucía dejaba que Carmen haga y deshaga en esos momentos, se permitía sentir la caricia y prestaba generosa su cabello.

Carmen recordaba a su hija, en los días de escuela primaria cuando salía temprano por la mañana con las dos trenzas hechas por mamá… tan chiquita, tan feliz….

Pero la comunicación verbal era prácticamente escasa y los médicos necesitaban saber de donde venia y porque había llegado a esa situación. Mientras que la policía debía seguir su investigación y en caso de ser necesario llevarla a un internado, dado que era menor de edad.

Y así, aquella mañana de julio fue para Carmen el amanecer de una terrible noche de fantasmas de otros tiempos. Sentía dentro de ella un miedo inexplicable. Podía degustar el triste sabor de la pérdida, que si bien había transformado el dolor, estaba siempre presente.
Estaba despierta después de una noche de pesadillas, de recuerdos de aquella intensa luz del micro que debía pasarla por arriba para terminar con todo.
La imagen de Lucia en la ruta, su desmayo…. La falta de comunicación… La necesidad de hacer mas que no podía manejar. Porque no podía hacer mas nada que aquello que Lucia le permitía.

Entonces se fue mas temprano que nunca al hospital para abrazarla, para pedirle que se cure, que le diga que necesitaba para mejorar… Habían vuelto los fantasmas de la muerte y no podía permitir ni permitirse que le ganen…

Llegó al hospital y corrió por los pasillos con una urgencia que no comprendía, con el corazón estallando.  Y entró a la habitación.

La cama estaba vacía. Las sábanas corridas como cuando alguien recién se levanta. Entonces fue directo al baño, pero no había nadie ahí. Salió al pasillo y gritó el nombre de Lucia. Pero nadie contestó.


Volvió a entrar a la habitación, la luz del sol que asomaba iluminó la mesita de noche. Y ahí vio….Una tijera, la trenza mal cortada y una nota que decía “perdón”.

lunes, 12 de mayo de 2014

Elegir

           
 Aquella mañana, sentada frente al mar, sintió que cambiaría su vida en forma definitiva.

            De chica había elegido ese lugar para pensar. Es la ventaja con la que cuenta alguien que nació, se crió y vio transcurrir su vida en una ciudad marítima.

            Ya sea invierno o verano, el ritual era el mismo. Llegar a la playa, sacarse las zapatillas y sentir el frío que la arena tiene en julio o como quema en pleno verano. Y caminar sintiendo esa sensación hasta la orilla misma del mar.

            Siempre le resultó curioso que en el verano el mar golpee tan fuerte sobre la costa, cuando las playas están pobladas de turistas, y en invierno, como ahora, la tranquilidad de las olas relaje y transporte.

            Así, siguiendo con esta particular ceremonia, dejó que el agua salada la empape hasta las rodillas. Y pensar en cada respiro…”que la ola traiga lo mejor y se lleve lo que sea que no tenga que estar”

            Luego de un buen rato en la orilla, se sentaba a esperar que el sol o el viento la sequen.
            Y ahí mismo, en ese mismo momento, estaba ahora, pensando, tal vez, en la decisión más difícil de su vida.

            No sería fácil y lo sabía. Su corazón estaba herido, en lo que ella consideraba una herida de muerte. Sentía y sabía que, de tener que enfrentar todo aquello, sería sola. Y para peor su economía no ayudaba. Este pensamiento la hacía sentir peor porque siempre consideró que algunos temas son sólo del alma, del amor y de los sentimientos más puros y que, bajo ninguna circunstancia, debían ser contaminados con algo tan material, pero fundamental también, como la subsistencia.

            ¿Había que evaluar los pro y los contra? ¿Aplicaba para esa evaluación? Se castigaba con ese pensamiento. Se contradecía, entre sentir o pensar. ¿Acaso se puede pensar lo que se siente?

            La realidad la asustaba. Y ese miedo la había colocado en esa lucha interna que mantenía ya hacía dos meses.

            En otras circunstancias ni se le hubiera pasado por la cabeza la duda. Pero… ¿Era la duda quien se había apoderado de sus sentimientos? No, era claro que el miedo la había paralizado. Si las circunstancias fueran otras no habría miedo, pensaba.

            Pero…mirando en la inmensidad del mar  se dijo: “¿Qué importan las circunstancias cuando se está tan cerca de la plenitud del amor perfecto, de la vida misma?

            Secos ya sus pies, al sol, se puso las zapatillas, se paró y con paso firme dijo: ¡Sí! Amplio su corazón, fuertes sus latidos, e inmodificable su sonrisa, dijo: ¡Sí!

            La vida que crecía dentro de ella, la hacía más mujer, más humana, más valiente.

            La hacía definitivamente…madre