De chica había elegido ese lugar para pensar. Es la
ventaja con la que cuenta alguien que nació, se crió y vio transcurrir su vida
en una ciudad marítima.
Ya sea invierno o verano, el ritual era el mismo. Llegar
a la playa, sacarse las zapatillas y sentir el frío que la arena tiene en julio
o como quema en pleno verano. Y caminar sintiendo esa sensación hasta la orilla
misma del mar.
Siempre le resultó curioso que en el verano el mar golpee
tan fuerte sobre la costa, cuando las playas están pobladas de turistas, y en
invierno, como ahora, la tranquilidad de las olas relaje y transporte.
Así, siguiendo con esta particular ceremonia, dejó que el
agua salada la empape hasta las rodillas. Y pensar en cada respiro…”que la ola
traiga lo mejor y se lleve lo que sea que no tenga que estar”
Luego de un buen rato en la orilla, se sentaba a esperar
que el sol o el viento la sequen.
Y ahí mismo, en ese mismo momento, estaba ahora,
pensando, tal vez, en la decisión más difícil de su vida.
No sería fácil y lo sabía. Su corazón estaba herido, en
lo que ella consideraba una herida de muerte. Sentía y sabía que, de tener que
enfrentar todo aquello, sería sola. Y para peor su economía no ayudaba. Este
pensamiento la hacía sentir peor porque siempre consideró que algunos temas son
sólo del alma, del amor y de los sentimientos más puros y que, bajo ninguna
circunstancia, debían ser contaminados con algo tan material, pero fundamental
también, como la subsistencia.
¿Había que evaluar los pro y los contra? ¿Aplicaba para
esa evaluación? Se castigaba con ese pensamiento. Se contradecía, entre sentir
o pensar. ¿Acaso se puede pensar lo que se siente?
La realidad la asustaba. Y ese miedo la había colocado en
esa lucha interna que mantenía ya hacía dos meses.
En otras circunstancias ni se le hubiera pasado por la
cabeza la duda. Pero… ¿Era la duda quien se había apoderado de sus
sentimientos? No, era claro que el miedo la había paralizado. Si las
circunstancias fueran otras no habría miedo, pensaba.
Pero…mirando en la inmensidad del mar se dijo: “¿Qué importan las circunstancias
cuando se está tan cerca de la plenitud del amor perfecto, de la vida misma?
Secos ya sus pies, al sol, se puso las zapatillas, se
paró y con paso firme dijo: ¡Sí! Amplio su corazón, fuertes sus latidos, e
inmodificable su sonrisa, dijo: ¡Sí!
La vida que crecía dentro de ella, la hacía más mujer, más
humana, más valiente.
La hacía definitivamente…madre

¿Y cómo será llorar de presencias?
ResponderEliminarAusencias presentes y presencias ausentes..... esta ultima a veces se llora mas
EliminarAusencias presentes y presencias ausentes..... esta ultima a veces se llora mas
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