lunes, 12 de mayo de 2014

Elegir

           
 Aquella mañana, sentada frente al mar, sintió que cambiaría su vida en forma definitiva.

            De chica había elegido ese lugar para pensar. Es la ventaja con la que cuenta alguien que nació, se crió y vio transcurrir su vida en una ciudad marítima.

            Ya sea invierno o verano, el ritual era el mismo. Llegar a la playa, sacarse las zapatillas y sentir el frío que la arena tiene en julio o como quema en pleno verano. Y caminar sintiendo esa sensación hasta la orilla misma del mar.

            Siempre le resultó curioso que en el verano el mar golpee tan fuerte sobre la costa, cuando las playas están pobladas de turistas, y en invierno, como ahora, la tranquilidad de las olas relaje y transporte.

            Así, siguiendo con esta particular ceremonia, dejó que el agua salada la empape hasta las rodillas. Y pensar en cada respiro…”que la ola traiga lo mejor y se lleve lo que sea que no tenga que estar”

            Luego de un buen rato en la orilla, se sentaba a esperar que el sol o el viento la sequen.
            Y ahí mismo, en ese mismo momento, estaba ahora, pensando, tal vez, en la decisión más difícil de su vida.

            No sería fácil y lo sabía. Su corazón estaba herido, en lo que ella consideraba una herida de muerte. Sentía y sabía que, de tener que enfrentar todo aquello, sería sola. Y para peor su economía no ayudaba. Este pensamiento la hacía sentir peor porque siempre consideró que algunos temas son sólo del alma, del amor y de los sentimientos más puros y que, bajo ninguna circunstancia, debían ser contaminados con algo tan material, pero fundamental también, como la subsistencia.

            ¿Había que evaluar los pro y los contra? ¿Aplicaba para esa evaluación? Se castigaba con ese pensamiento. Se contradecía, entre sentir o pensar. ¿Acaso se puede pensar lo que se siente?

            La realidad la asustaba. Y ese miedo la había colocado en esa lucha interna que mantenía ya hacía dos meses.

            En otras circunstancias ni se le hubiera pasado por la cabeza la duda. Pero… ¿Era la duda quien se había apoderado de sus sentimientos? No, era claro que el miedo la había paralizado. Si las circunstancias fueran otras no habría miedo, pensaba.

            Pero…mirando en la inmensidad del mar  se dijo: “¿Qué importan las circunstancias cuando se está tan cerca de la plenitud del amor perfecto, de la vida misma?

            Secos ya sus pies, al sol, se puso las zapatillas, se paró y con paso firme dijo: ¡Sí! Amplio su corazón, fuertes sus latidos, e inmodificable su sonrisa, dijo: ¡Sí!

            La vida que crecía dentro de ella, la hacía más mujer, más humana, más valiente.

            La hacía definitivamente…madre

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Ausencias presentes y presencias ausentes..... esta ultima a veces se llora mas

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    2. Ausencias presentes y presencias ausentes..... esta ultima a veces se llora mas

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