Buenos Aires quedaba atrás.
Desde la cubierta del barco cada vez se veía mas
chiquita, aunque se le distinguía el smog característico de las grandes
ciudades.
Cuando embarcó, Adrián eligió un asiento en la cubierta.
Necesitaba la soledad y la inmensidad del rio, para estar solo con sus
recuerdos.
Cerró los ojos intentando no ver lo atrás que quedaba la
ciudad. Esa ciudad a la que había llegado en su hora mas dolorosa. Acababa de
enterrar a su abuelo….
Había llegado el dia anterior en respuesta a un llamado
del geriátrico donde don Agustin estaba ya desde hacia dos años.
El tiempo fue el justo, para que Agustín mire a los ojos
a Adrián, y esa sea la última imagen que ambos tendrían del otro.
El cuarto era simple, desprovisto de todo lujo. Una
ventana grande con una cortina blanca, que daba al pequeño jardín, de la casona
de Palermo, que funcionaba como residencia para la tercera edad.
Un ropero viejo, antiguo, vacío…… Agustin había donado en
vida su ropa a un chico que pasaba dia por medio pidiendo la comida que quedaba
de las cenas de los internos. Solian charlar unas pocas palabras cada vez,
pero Agustin lo esperaba siempre, tanto como este chico lo buscaba cada vez que
entraba.
En la mesa de luz, había un libro, El Principito…. Adrián
le había regalado ese libro en su último cumpleaños porque ambos compartían el
tan repetido, “lo esencial es invisible a los ojos”. Dicho esto entre ambos,
porque no se veían seguido…. Cada vez menos
dado que en Colonia el nieto tenia su trabajo y su estudio. Pero cada
vez que podía, era tiempo dedicado al abuelo.
La dedicatoria decía: Abuelito estas siempre en mi
corazón.
Adrian tomó el libro, y encontró debajo de sus palabras
estas: “ siempre estuviste en mi corazón. Esta es la herencia que nos dejamos
porque lo escencial se ve desde el alma.”
El abuelo había sido un hombre fundamental en su vida, la
presencia masculina mas fuerte, dado que sus padres trabajaban con turismo
entre la capital de Argentina y la ciudad uruguaya.
Con el fue la primera vez a la cancha de Racing…pasión
compartida. Fue el testigo secreto del primer beso de Adrian, el cómplice en
las travesuras y el custodio de las tareas del colegio.
La enfermera que estaba en el cuarto, le dijo que la
última voluntad de Agustin había sido ser cremado y sus cenizas arroajadas en
la plaza “el patio”, ese lugar en villa del parque, plaza cerrada cuidada por
jubilados del barrio y llena de juegos para niños…… Ahí pasaban horas juntos…
Cuando Adrian salía para realizar los trámites, un chico
de aspecto humilde entraba por la puerta, mirando directo a la habitación de
Agustín…. Lo miró y le dijo: “vos sos el nieto. Quería estar seguro que tu
mirada sea la última que vería. Gracias por haber llegado”
Lo que siguió después, fue tramiterio doloroso. Rápido y
siguiendo los pedidos del abuelo. Eso implicaba el rápido regreso a su Colonia
actual….
Por eso en el barco, eligió la soledad…. El correr de las
aguas del rio de La Plata y los ojos cerrados…viendo como en una película lo
que había dentro de su corazón…. Imágenes de una vida feliz ….. de un hombre
amoroso, paternal….. Necesario.
No se movió de su
asiento en toda la travesía. No fue
necesario ver con los ojos, asi que…no los abrió. Su corazón atesoraba amor y
eso era suficiente…..
El el barco llegó a destino…. En el hall de la terminal
yo esperaba a Adrián… Cuando lo ví, lo abracé tan fuerte…. No se si aliviané su
dolor… Si sé que al menos lo pudimos compartir.
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Buenos Aires quedaba atrás.
Desde la cubierta del barco cada vez se veía mas
chiquita, aunque se le distinguía el smog característico de las grandes
ciudades.
Ana embarcó con su mochila a cuestas. Miraba con ojos
grandes como la ciudad iba quedando atrás, esperando ansiosa la otra orilla.
Ese era una viaje importantisimo, Marcaría la decisión de
dejar su Villa del Parque natal, su familia, su amigos del cole.
Pero ya había crecido. Era ahora una mujer dispuesta a
volar…o navegar en este caso, tras sus sueños.
En las vacaciones del año pasado en La Falda, Córdoba,
había conocido a Gonzalo.
La familia paterna de Ana era nativa de esa ciudad. Iban
siempre para pasar año nuevo y solían quedarse hasta mediados de enero.
Gonzalo, un morocho uruguayo, pisaba por primera vez suelo cordobés, ya que
una tía había decidió instalarse ahí. Le maravilló la paz del lugar, las
montañas, y obviamente el Fernet con bebida cola.
Desde que se cruzaron en la bicicleteria del centro, no
se separaron mas. Recorrieron el pueblo y los aledaños, visitaron el abandonado e
histórico Hotel Eden. Y cada recoveco que se les ocurría explorar.
Se contaron todo lo que ambos habían vivido hasta ese
momento…. Infancia, escuela, familia, historias de un lado y del otro.
Pero las vacaciones terminaban y ambos debían volver a su
realidad.
Cuando se despidieron en la terminal pasó lo mas tierno y
dulce… un primer beso intenso, apasionado, imposible de separar….
Comenzó ahí un interminable ir y venir por meses entre
Colonia y Buenos Aires. Iba uno… iba el otro… volvían… La relación crecia y los
proyectos también….
En el último viaje, Gonzalo, le había propuesto comprar
un restaurant en la parte histórica de Colonia, allá pasando la Muralla,
cerquita del cañón…
Era hora de consolidar lo que venían viviendo desde hacia
un año…
Por eso Ana, sentada en un asiento de la cubierta del
Barco, sentía el latir de su corazón, desesperado por la decisión que tendría
que entregar apenas llegue a destino.
Casi a las tres horas de travesia, Colonia se asomaba….
Las torres de la Iglesia, el faro, la Muralla….
No podía abandonar su asiento…. La cubierta se poblaba de
mas gente pero ella seguía en su mundo.
Cuando por fin le tocó desembarcar, recorrió la larga
manga que la separaba del hall de la terminal.
Las piernas la empujaban tanto como sus latidos……..
Y ahí, tras la puerta de arribos, en primera fila, estaba
Gonzalo, esperando…
Ella lo abrazó fuertemente y le susurró algo al oído…
Siguió un amoroso beso y salieron de la mano
Cuando entraba a la estación del ferry, los vi alejarse en
las bicis… Que cara conocida ese chico… Claro…. Era Gonzalo… a el le había
vendido esta mañana el viejo restaurant de mi padre…. Tras la Muralla….
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Embarqué en hora… Era el rápido…. En una hora estaría en
Buenos Aires…. En una hora, llegaría a casa…..