martes, 27 de enero de 2015

VIAJEROS

Buenos Aires quedaba atrás.
Desde la cubierta del barco cada vez se veía mas chiquita, aunque se le distinguía el smog característico de las grandes ciudades.

Cuando embarcó, Adrián eligió un asiento en la cubierta. Necesitaba la soledad y la inmensidad del rio, para estar solo con sus recuerdos.
Cerró los ojos intentando no ver lo atrás que quedaba la ciudad. Esa ciudad a la que había llegado en su hora mas dolorosa. Acababa de enterrar a su abuelo….
Había llegado el dia anterior en respuesta a un llamado del geriátrico donde don Agustin estaba ya desde hacia dos años.
El tiempo fue el justo, para que Agustín mire a los ojos a Adrián, y esa sea la última imagen que ambos tendrían del otro.
El cuarto era simple, desprovisto de todo lujo. Una ventana grande con una cortina blanca, que daba al pequeño jardín, de la casona de Palermo, que funcionaba como residencia para la tercera edad.
Un ropero viejo, antiguo, vacío…… Agustin había donado en vida su ropa a un chico que pasaba dia por medio pidiendo la comida que quedaba de las cenas de los internos. Solian charlar unas pocas palabras cada vez, pero Agustin lo esperaba siempre, tanto como este chico lo buscaba cada vez que entraba.
En la mesa de luz, había un libro, El Principito…. Adrián le había regalado ese libro en su último cumpleaños porque ambos compartían el tan repetido, “lo esencial es invisible a los ojos”. Dicho esto entre ambos, porque no se veían seguido…. Cada vez menos  dado que en Colonia el nieto tenia su trabajo y su estudio. Pero cada vez que podía, era tiempo dedicado al abuelo.
La dedicatoria decía: Abuelito estas siempre en mi corazón.
Adrian tomó el libro, y encontró debajo de sus palabras estas: “ siempre estuviste en mi corazón. Esta es la herencia que nos dejamos porque lo escencial se ve desde el alma.”

El abuelo había sido un hombre fundamental en su vida, la presencia masculina mas fuerte, dado que sus padres trabajaban con turismo entre la capital de Argentina y la ciudad uruguaya.
Con el fue la primera vez a la cancha de Racing…pasión compartida. Fue el testigo secreto del primer beso de Adrian, el cómplice en las travesuras y el custodio de las tareas del colegio.

La enfermera que estaba en el cuarto, le dijo que la última voluntad de Agustin había sido ser cremado y sus cenizas arroajadas en la plaza “el patio”, ese lugar en villa del parque, plaza cerrada cuidada por jubilados del barrio y llena de juegos para niños…… Ahí pasaban horas juntos…

Cuando Adrian salía para realizar los trámites, un chico de aspecto humilde entraba por la puerta, mirando directo a la habitación de Agustín…. Lo miró y le dijo: “vos sos el nieto. Quería estar seguro que tu mirada sea la última que vería. Gracias por haber llegado”

Lo que siguió después, fue tramiterio doloroso. Rápido y siguiendo los pedidos del abuelo. Eso implicaba el rápido regreso a su Colonia actual….

Por eso en el barco, eligió la soledad…. El correr de las aguas del rio de La Plata y los ojos cerrados…viendo como en una película lo que había dentro de su corazón…. Imágenes de una vida feliz ….. de un hombre amoroso, paternal….. Necesario.
 No se movió de su asiento en toda la travesía.  No fue necesario ver con los ojos, asi que…no los abrió. Su corazón atesoraba amor y eso era suficiente…..

El el barco llegó a destino…. En el hall de la terminal yo esperaba a Adrián… Cuando lo ví, lo abracé tan fuerte…. No se si aliviané su dolor… Si sé que al menos lo pudimos compartir.

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Buenos Aires quedaba atrás.
Desde la cubierta del barco cada vez se veía mas chiquita, aunque se le distinguía el smog característico de las grandes ciudades.

Ana embarcó con su mochila a cuestas. Miraba con ojos grandes como la ciudad iba quedando atrás, esperando ansiosa la otra orilla.

Ese era una viaje importantisimo, Marcaría la decisión de dejar su Villa del Parque natal, su familia, su amigos del cole.
Pero ya había crecido. Era ahora una mujer dispuesta a volar…o navegar en este caso, tras sus sueños.

En las vacaciones del año pasado en La Falda, Córdoba, había conocido a Gonzalo.
La familia paterna de Ana era nativa de esa ciudad. Iban siempre para pasar año nuevo y solían quedarse hasta mediados de enero.
Gonzalo, un morocho uruguayo,  pisaba por primera vez suelo cordobés, ya que una tía había decidió instalarse ahí. Le maravilló la paz del lugar, las montañas, y obviamente el Fernet con bebida cola.

Desde que se cruzaron en la bicicleteria del centro, no se separaron mas. Recorrieron el pueblo y los aledaños, visitaron el abandonado e histórico Hotel Eden. Y cada recoveco que se les ocurría explorar.
Se contaron todo lo que ambos habían vivido hasta ese momento…. Infancia, escuela, familia, historias de un lado y del otro.
Pero las vacaciones terminaban y ambos debían volver a su realidad.
Cuando se despidieron en la terminal pasó lo mas tierno y dulce… un primer beso intenso, apasionado, imposible de separar….

Comenzó ahí un interminable ir y venir por meses entre Colonia y Buenos Aires. Iba uno… iba el otro… volvían… La relación crecia y los proyectos también….

En el último viaje, Gonzalo, le había propuesto comprar un restaurant en la parte histórica de Colonia, allá pasando la Muralla, cerquita del cañón…
Era hora de consolidar lo que venían viviendo desde hacia un año…

Por eso Ana, sentada en un asiento de la cubierta del Barco, sentía el latir de su corazón, desesperado por la decisión que tendría que entregar apenas llegue a destino.

Casi a las tres horas de travesia, Colonia se asomaba…. Las torres de la Iglesia, el faro, la Muralla….
No podía abandonar su asiento…. La cubierta se poblaba de mas gente pero ella seguía en su mundo.
Cuando por fin le tocó desembarcar, recorrió la larga manga que la separaba del hall de la terminal.
Las piernas la empujaban tanto como sus latidos……..

Y ahí, tras la puerta de arribos, en primera fila, estaba Gonzalo, esperando…
Ella lo abrazó fuertemente y le susurró algo al oído… Siguió un amoroso beso y salieron de la mano

Cuando entraba a la estación del ferry, los vi alejarse en las bicis… Que cara conocida ese chico… Claro…. Era Gonzalo… a el le había vendido esta mañana el viejo restaurant de mi padre…. Tras la Muralla….

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Embarqué en hora… Era el rápido…. En una hora estaría en Buenos Aires…. En una hora, llegaría a casa…..