La lucha de Martín por salir de su habitación comenzó en el mismo momento en el que el sol apareció por la ventana.

Se paró de un salto de la cama y vio que no estaba solo. Se preguntó quién sería esa persona que se apoyaba contra la pared.
Entonces, intentó caminar hacia un costado y esa extraña criatura lo seguía. Que raro era!!! Se agrandaba, se achicaba, se acercaba o se alejaba….
Si se sentaba en la cama por momentos no lo veía, pero al pararse
ahí estaba otra vez……Mirándolo sin rostro y siguiéndolo sin cuerpo.
Intentaba dar un paso al frente y se sentía atrapado. Lo tenía adelante y no podía caminar.
El día fue transcurriendo, y ese extraño compañero de cuarto, fue ocupando distintos espacios. Paredes, piso, techo…..
En un momento Martín se sentó frente a la ventana y sintió que desde atrás lo observaba y pensó que estaría atrapado en esas cuatro paredes toda la vida.
El cansancio, el hambre y la sed hicieron que casi sin quererlo, se quede dormido.
Había anochecido cuando se despertó y el sol ya no iluminaba su habitación. El reflejo de las luces de la calle daban apenas un poco de claridad al cuarto.
Miró, buscó….Y para su sorpresa ya no estaba acompañado.
Decidido a ir a la cocina por algo de comida, abrió la puerta, prendió la luz del pasillo y…..ahi estaba nuevamente….Sigilosa, en guardia………su sombra.
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